Ahora que las historias de vampiros se han puesto tanto de moda gracias al tedioso fenómeno histérico-adolescente de Crepúsculo, recomiendo fervientemente a todos aquellos que acudisteis al cine obligados o bien atraídos (engañados) por la formidable campaña de marketing que tanto bombo ha estado dando a la saga de la señorita Meyer y que tengáis pensado ver la segunda entrega de esta apasionantísima historia de vampiros, que invirtáis los casi 6 euros que vale la entrada del cine en coca-cola y palomitas, echéis mano de un par de mantas y disfrutéis de esta maravilla de Tomas Alfredson:
Una vez hecho esto solo hay que comparar ambas historias y luego echarle un vistazo al presupuesto de las dos.
Lo que está claro es que por mucha campaña publicitaria, estrellita hollywoodense caraguapa, efectos especiales y demás parafernalia ornamental, la humilde adaptación de la novela vampírica del escritor sueco John Ajvide Lindqvist la deja ni más ni menos que a la altura del betún.
Prueba de ello es que ha ganado todos los premios de todos los festivales a los que se ha presentado y, claro, siendo así a nadie le sorprende el hecho de que ya se esté rodando una versión americana de la misma que se estrenará el próximo otoño, esta vez de la mano de Matt Reeves que contará, por supuesto, con un presupuesto mucho mayor, y por lo tanto, con una mayor campaña publicitaria y mayor repercusión mediática que, lamentablemente, hará que muchas personas conozcan la historia sólo por este remake sin que hayan ni tan siquiera oído hablar de la original.
En mi opinión, a parte de no tener ningún tipo de mérito, la tarea que le espera a Reeves es todo un reto, pues la sobriedad y sencillez que priman en la película sueca le van demasiado pequeñas a Hollywood, acostumbrados a hacerlo todo a lo grande. De modo que lo único que me cabe esperar de este remake es una memez edulcorada como la copa de un pino que no hará otra cosa más que ponerse en evidencia ante la original. Pero bueno, intentemos mantener la fe en la industria y vayamos a lo que de verdad importa.
Lo que está claro es que por mucha campaña publicitaria, estrellita hollywoodense caraguapa, efectos especiales y demás parafernalia ornamental, la humilde adaptación de la novela vampírica del escritor sueco John Ajvide Lindqvist la deja ni más ni menos que a la altura del betún.
Prueba de ello es que ha ganado todos los premios de todos los festivales a los que se ha presentado y, claro, siendo así a nadie le sorprende el hecho de que ya se esté rodando una versión americana de la misma que se estrenará el próximo otoño, esta vez de la mano de Matt Reeves que contará, por supuesto, con un presupuesto mucho mayor, y por lo tanto, con una mayor campaña publicitaria y mayor repercusión mediática que, lamentablemente, hará que muchas personas conozcan la historia sólo por este remake sin que hayan ni tan siquiera oído hablar de la original.
En mi opinión, a parte de no tener ningún tipo de mérito, la tarea que le espera a Reeves es todo un reto, pues la sobriedad y sencillez que priman en la película sueca le van demasiado pequeñas a Hollywood, acostumbrados a hacerlo todo a lo grande. De modo que lo único que me cabe esperar de este remake es una memez edulcorada como la copa de un pino que no hará otra cosa más que ponerse en evidencia ante la original. Pero bueno, intentemos mantener la fe en la industria y vayamos a lo que de verdad importa.
Déjame entrar es una película que innova y retuerce el mito del vampiro y al mismo tiempo le es profundamente respetuoso convirtiéndola en una de las pocas excepciones del panorama actual de cine fantástico donde todas las producciones parecen estar cortadas por el mismo patrón. Ambientada en un barrio obrero del frío Estocolmo de los años ochenta, Déjame entrar cuenta la historia de Oskar, un chaval de 12 años introvertido y solitario que sufre, por un lado, la separación de sus padres y, por otro, los abusos de un grupo de matones de su escuela. Un “bicho raro” que se dedica a coleccionar recortes de prensa sobre asesinatos y sucesos dantescos. Por suerte o por desgracia, su vida empieza a cambiar cuando conoce a Eli, su nueva vecina, con la que entabla una relación de amistad un tanto extraña. Coincidiendo con su llegada, toda una serie de brutales asesinatos y desapariciones empiezan a perturbar la tranquilidad del vecindario.
Y hasta aquí la historia de Déjame entrar, aparentemente una trama no muy innovadora, aunque gracias a la magistral interpretación de los protagonistas, la ausencia de efectos especiales injustificados a cascoporro, la fotografía y la banda sonora la convierten en una historia completamente nueva, sencilla y de una gran belleza estética.
Uno de los aspectos que tal vez más me gustaron de la película fue la escasez y precisión de los diálogos, que acostumbrados a películas donde los personajes nos explican palabra por palabra absolutamente TODO como si el público fuese cortito, se agradece (y mucho) que lo que prime por encima de todo sean los silencios; los personajes se relacionan entre ellos básicamente a través de gestos, miradas y conversaciones en código morse en la pared (touché). Tal vez sea este aspecto el principal “culpable” de que, en general, se trate de una película premeditadamente lenta y fría (que no quiere decir que se haga pesada, ni mucho menos).
Uno de los aspectos que tal vez más me gustaron de la película fue la escasez y precisión de los diálogos, que acostumbrados a películas donde los personajes nos explican palabra por palabra absolutamente TODO como si el público fuese cortito, se agradece (y mucho) que lo que prime por encima de todo sean los silencios; los personajes se relacionan entre ellos básicamente a través de gestos, miradas y conversaciones en código morse en la pared (touché). Tal vez sea este aspecto el principal “culpable” de que, en general, se trate de una película premeditadamente lenta y fría (que no quiere decir que se haga pesada, ni mucho menos).
Otra de las cosas que cabe destacar de esta película es la sutileza a la hora de insinuar frente a la mala costumbre de este género empeñado en querer mostrarlo todo explícitamente. Ninguna escena “fuerte” se muestra directamente, incluso la escena más impactante de la película (la de la piscina) sucede, de principio a fin, fuera de plano. La sensación que se logra con esto no es otra que la de augmentar la tensión y el interés por querer saber qué es lo que está pasando más allá de la pantalla. Darse cuenta, con un escalofrío, de cuál será el destino final de Oskar y asumir la ironía que rodea la perversa moraleja de Déjame entrar clavada en el asiento mientras dan comienzo los títulos de crédito. Eso es el miedo, y no un arsenal de cuerpos desmembrados deambulando por la pantalla.
En fin, un claro ejemplo de las genialidades que un puñado de tíos con mucho talento y poco presupuesto en los bolsillos pueden llegar a hacer frente a las bazofias multimillonarias que llenan a diario las salas de cine. Ojalá 1 de cada 50 películas que nos entochan en las carteleras fuesen como ésta.















5 observaciones:
increible
increible pelicula e increible descripcion
creo q estube como dos meses despues de verla pensando cada día en esta peli y alegrandome de haberla visto una noxe sin muxas espectativas a oscuras solo en mi casa q acabó siendo una peazo de noxe
increible la escena d la piscina,dios esta tan bien hexa...
y me encanta tb la escena en que el "quiensea" q vive con ella va a al polideportivo y se esconde en los vestuarios
10/10
y dices q te la has pillao?
edicion normal o con el libro¿¿
yo si no tuviera q estar ahorrando hasta los centimillos que en el FIB tan poco me importaban xa BCN me la pillaría ipsofacto
No, me la pillaré esta semana o la que viene como mucho. La he visto un par de veces y aun me gustó más la segunda. Si me tuviera que quedar con un par de escenas, sin duda me quedaría con la que le da nombre a la peli, vamos, la de cuando Eli entra en casa de Oskar...madre mía, esa imagen se me quedará gravada durante...decenios!? y la escena final del niño en el tren repiqueteando la palabra "beso" en el ataúd, definitivamente esa escena es la clave que acaba de dar forma a la historia.
PD: Aaaaaah, amigo, tanto que os reíais de mí recogiendo céntimos todo el santo día...jajajajajajaja
Por cierto, una cosa que me impactó muchísimo de la peli, fue la escena en que la niña se está vistiendo y se la ve una cicatriz enorme en ya sabemos todos donde, al principio pensé que cuando le preguntaba al niño si le gustaría igual aunque no fuera una chica varias veces durante la historia se refería al hecho de que no fuera "humana" o de que tuviera 12 años desde hacía decenios, pero a lo que se refería realmente es que Eli era un niño al que castraron hace 200 años. Se supone que en un principio iban a poner una escena donde se viese la historia de la "niña" pero la quitaron, y como vieron que no quedaba demasiado claro con la escena del vestido luego tuvieron que agravar la voz de la actriz para que tuviera un tono más masculino XD
ostia q wena,no sabia q era eso lo q paso,sabi q no era una tia xo no lo de la castración
y si q impacta si
el titulo en inglés viene de esta canción
http://www.youtube.com/watch?v=_6D6Cs4yBSw
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